Mi Fabrica de Cuentos El belén de Jeremías. Cuento de Navidad para los niños del hospital infantil (La Paz, Madrid) - Mi Fabrica de Cuentos

cuentos infantiles de ines diez

16

Dic

2013

El belén de Jeremías. Cuento de Navidad para los niños del hospital infantil (La Paz, Madrid)

Bueno, yo trabajo en La Paz pero en realidad este cuento es para todos los niños (protagonistas absolutos de la Navidad)

Decoración navideña hospital infantil la Paz

Chicos viene la Navidad.

Estamos en el periodo de adviento,  donde preparamos nuestros corazones con ternura, cariño, buen humor,  sonrisas y buenos deseos para que así,  el día 25 de diciembre , el cumpleaños de nuestro Jesusillo, Él pueda disfrutar de la alegría en nuestro planeta  encontrándose nuestras almas cargaditas de los mejores sentimientos y los mejores deseos para todos.

 

 

En el Hospital La Paz de Madrid los niños ya tienen decoradas las paredes, pasillos… Mejor será que vosotros mismos lo veáis.

Preciosos dibujos de los niños hospital La Paz Madrid

Están trabajando mucho como podéis ver. Aquí, a los niños hay cosas que no les gusta, como en todas partes, pero otras… ya veis, les hace sentirse bien. Los niños son un gran ejemplo de valor y fortaleza. Son sorprendentes.

Dibujo navideño, hospital infantil La Paz Madrid

 

 

 

 

Este dibujo demuestra la energía del niño, ¿no es verdad? Tiene un gran poder interior. Al menos eso es lo que veo yo en él.

 

 

 

 

Dibujo en un ponster de Bob esponja en Navidad

 

Cómo no, también está Bob esponja por allí. A Calamardo le cambiará la cara en cuanto se dé unos paseillos por las habitaciones de los niños.

En el hospital les ayudan a ponerse buenos y a recuperarse; por supuesto, cerca siempre de sus papás, así que yo como otros papás he disfrutado de todos éstos pasillos.

Voy a añadir otra foto. Son bonitos ¿verdad?

Dibujos Navidad Hospital La Paz de Madrid

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bueno, a todos los niños les dedico mi cuento de Navidad pero en especial a aquellos que tienen que estar quietecitos y tranquilillos en el hospital. Espero que os guste.

Cuando veáis unas lineas punteadas como esta…………………………………….significa que tengo que introducir una aventurilla más, pues lo estoy terminando poco a poco para vosotros. Quedan solo algunos retoques.

Muy muy muy muuuuuuuuuuy Felices Navidades.

 

EL BELÉN DE JEREMÍAS 
Dibujo del cuento infantil el belén de Jeremías, portada.-¡No te asomes a las ventanas Jorge! Eso no está nada bien. -María intentaba que su hijo dejara de subirse por muros y ventanas. Como niño de 5 años es inquieto y todo lo quiere conocer.
Esta vez paró en la granja de Jeremías, un hombre anciano que vivía en una casa bastante destartalada en una zona algo apartada del pueblo. Tenía un gran establo, además de un pequeño huerto que cuidaba ratito a ratito todas las mañanas.
María y Jorge se dirigían al río. Dentro de dos semanas llegaría la Navidad. Necesitaban liquen, cortezas, musgo, tronquitos, piedras bonitas y ramas de pino. De todo lo que se necesita en cualquier belén que se precie.
Pasaron toda la tarde en el campo. Regresaron con la cesta de la compra “repleta de Navidad”, como decía Jorge.
De repente, al pasar por el establo Jorge dio un tirón desprendiéndose de la mano de María.
-Ven Jorge, ¿qué estás haciendo? ,Pero Jorge no contestó y corriendo entro en la casa de Jeremías.
-¡Hola Jeremías!
-Hola pequeño ¿qué es lo que quieres?
-Nada, sólo vengo a enseñarte mi cesta. Ya la he llenado de Navidad.
-Muy bien Jorge, llevas muchas cosas. Son muy bonitas.
Cuando termines tu belén espero que me invites a verlo.
-Sí claro- dijo Jorge orgulloso mientras le enseñaba una tortuosa corteza. Preciosa, decorada con un bonito liquen amarillo anaranjado que le otorgaba un toque de color maravilloso. Esa sí que era especial.
-Toma Jorge, a ésa extraña corteza le va muy bien esta figurilla. Es la castañera con su conejito. ¡Llévatela!
En ese momento irrumpió también María en su casa.
-Buenas tardes señor Jeremías. Perdone, no queremos molestar. Estará usted demasiado ocupado.
-Pasa María. Me gustan las visitas y mucho más la de personas tan encantadoras.
-¡Gracias Jeremías! exclamaba Jorge saltando y tirando de la falda a su madre.
– Espera Jorge, estoy hablando.
Jorge estaba impaciente por enseñarla la figurita del belén que Jeremías le había regalado.
-A ver…, ya está, dime que quieres.
-¡Mira mamá, me la ha regalado para ponerla con mi corteza!
-¡Qué maravilla! Jeremías cada vez te superas  más. Parecen personitas de verdad.
-¡Ojala! dijo Jeremías mientras se reía a carcajadas.
-¿Queréis un poquito de queso?- les preguntó.
-No gracias, tenemos que volver pronto. La abuela está sola y hoy no están mis hijos. Han ido con Javier al mercado.
-Entonces… hasta pronto se despidió Jeremías.
-No trabajes mucho, no te canses y…¡ cuídate!. Le recomendó María con cariño.

Jeremías tenía unas manos de oro. Tallaba sus figurillas del belén con troncos y madera que encontraba en el bosque, sobre todo en la orilla del río y en las cercanías de la presa.
El realizó las piezas talladas de la iglesia del pueblo, que son grandísimas. De vez en cuando, recibía encargos de los vecinos de otros lugares. También restauraba piezas deterioradas.

Jeremías era el hombre que mejor representaba el espíritu navideño en nuestro pueblo. Dormía poco. Imaginaba mucho.
Durante las noches se dedicaba a fabricar fuegos de artificio con las más bonitas formas y colores que os podáis imaginar. Impresionantes. Todos los años él nos reunía tocando su gran campana dorada. Gritaba con su afable voz -¡Todos a la calle¡ ¡Llegó un trocito de Navidad!
Todos, todos, salíamos eufóricos a la plaza.

Maravillosos espectáculos de color e ilusión preparaba Jeremías, con sus fuegos, sus ruedas de luz. En Noche Buena después de la misa del gallo siempre nos iluminaba la plaza, o las calles, o la iglesia.
Lo extraño es que nunca le veíamos prepararlo, no sé como lo lograba. Era, su gran sorpresa. (Yo personalmente pienso que alguien le ayudaba).

Una noche mientras fabricaba uno de los últimos artificios, estalló en su mesa una pequeña bombeta de color rosado intenso.
– ¡Caramba, qué susto! Exclamó con la voz entrecortada. Se iluminó toda la casa.
– Un gran haz de luz chocó contra el candil que rebotó sobre la grandiosa estrella que coronaba el árbol de Navidad. Ésta a su vez se desmenuzó en mil chispas luminosas que suavemente se deslizaron sobre las delicadas figuritas del belén de Jeremías.
– Menos mal que nada prendió fuego- pensó impresionado.
– Lo dejaré, ya he tenido suficiente por hoy. Estoy cansado.

Llegó la noche. Jeremías se acostó después de leer un rato. Sirky, su perro, se tumbó cerca de la chimenea como de costumbre.
A media noche sonó el reloj de cuco. Sirky se despertó sobresaltado, no por el ruido del reloj al que ya estaba acostumbrado,  sino por un sonido extraño. Alguien parecía mover cajas.
Sirky entró en la cocina, allí estaba todo bien. Después se acercó al comedor; todo tranquilo. Jeremías plácidamente dormido con su suave ronquido, tan agusto…. ¿Entonces, ese ruido…? ¿Qué sucede?

Repentinamente le golpeó algo en la cabeza.¡ Era una diminuta bola de nieve! ¡Qué susto! Increíble lo que vio al girarse. Las pequeñas figuritas del Belén habían cobrado vida. Unos diminutos niños tiraban bolas de nieve.
A Sirky le temblaban las patitas y lloriqueaba. No sabía qué hacer.
Los niños cogieron un espumillón del árbol y lo descolgaron hasta que llegó al suelo. Pretendían bajar del Belén para jugar a sus anchas por toda la casa.
El hijo del molinero saltó al cuello de Sirky con gran habilidad, con su manta le puso un suave bozal, despacio muy despacio le acarició. Si despertamos a Jeremías lo mismo se acaba ésta extraña magia, – le susurró temeroso-, de nuevo quedaremos inmóviles para siempre. ¡Ayúdanos!
Sirky pronto se calmó, sonrió y levantó sus orejas. Decidió jugar con ellos y… por supuesto, como buen perro pastor, decidió cuidarlos. Ésta era su primera Navidad, su primera aventura en casa de Jeremías.

San José es una persona muy activa, no está todo el tiempo mirando cómo María mece al bebé. Decide tirar la pelota de Víctor por la sala. Quiere gastar una broma a todas las figurillas que se han subido al lomo de Sirky. Tan grandullón como es, sale corriendo tras la pelota haciendo caer a los niños como si de un toro mecánico se tratara. Todo son risas en el salón.

Amanece un nuevo día, ya los primeros rayos de luz se filtran por las ventanas, todas las figurillas corren hacia el pueblo, son pequeñas así que SirKy bastante inquieto las ayuda a subir, ya oye al viejito como se despereza en la cama. Menos mal que es algo lento que si nooooo…….. ………

Jeremías se dispone a desayunar.-Sirky, ¿no te levantas?, ¿no tienes hambre?-le dice algo extrañado-. -Que raro, es como si estuviera hablando solo-pensaba mientras le acariciaba-. Sirky, ni el mínimo gesto, ahí estaba aplomado en el suelo, en su sitio, al calorcito de la chimenea.
Jeremías se pasó el día en el establo, estaba arreglando la barandilla de su carro vencida por el gran peso que acarrea. Sí claro, el heno para sus vacas. El invierno es duro en Corabán. Y sobre todo, por el peso de las ramas de pino que luego partía en leña. Desde el bosque hay un largo recorrido.
-Este carro está ya muy trillado-, decía a cada minuto. Hablaba solo mientras trabajaba. Yo creo que eso le hacía pensar que estaba acompañado, o…quizás habla con Jesús, él le tiene muy presente,¡anda!, ¿cómo no se me había ocurrido antes?
Fue un día largo para Jeremías, estaba bastante cansado, mientras terminaba de cenar hablaba con SirKy, -¿Qué pasa Sir las navidades te dan sueño, ¿no? ¿o es el frío?
Sir se levanto, se estiró y se subió de patitas en la tripa de Jeremías.
-Te daré de comer, ¡anda, vamos gandul!
Le acarició el lomo, le llenó el cuenco de agua y se fue tranquilo a la cama. Pronto se empezaron a oír sus suaves ronquidos.
Sirky, se asomó al cuarto de Jeremías y con el rabo, cerró la puerta. Ya se estaba temiendo lo que iba a suceder.
Hasta que la puerta no se cerró, las figurillas no tomaron vida. Es cierto, aquel era un extraño encantamiento, pero abrigaba una dulce sensación interior, aquello, no podía tratarse de un maleficio.
Ahora Sirky ya estaba preparado de nuevo para trabajar como nadie.
Tenía que ejercer de perro guardián, para por lo menos, 86 personitas repletas de vida. -No queremos accidentes, lo último lastimarse-se repetía. Éstas son sus primeras Navidades y no conocen los peligros de una casa.
Los peques ya estan haciendo de las suyas, quieren bajar la estrella de navidad, intentan coger sus chispas de luz. Pretenden tumbarla a castañazos, con los frutos que les dio la castañera, (claro que para comerlas, no para tirarlas).
Con tanta algarabía el niño Jesús no puede dormir está algo cansado y llorón.
María le Pide a Sirky que le meza en su lomo, ella está agotada, tiene los brazos doloridos de tanto cogerle. Es un niño saludable y algo rollizo, pesa lo suyo…
María se va al cuenco de agua de SirKy , se asea, se relaja y se sienta al calorcito de la lumbre, ¿seré yo capaz de cuidar de un niñito tan especial?-piensa preocupada- Enredada en sus pensamientos no se da cuenta de que la pintura de su ropaje queda ennegrecida con el calor. Sirky que lo ve, la ladra, María se levanta de un brinco tropezándose con sus patas. Sirky la lame enterita, intenta enfriar sus ropas. ¡¡¡Puaaag, qué asco!!!- piensa María- lo que me faltaba, ahora estoy llena de repugnantes babas.
Enfurruñada se va a casa de la hilandera. -Seguro que ella me puede prestar ropa, somos de la misma talla- piensa mientras corre.
¿Se dará cuenta Jeremías?- Se preocupa SirKy. Espero que no.
María, se lava, se cambia la ropa y se queda dormida en la hamaca de su amiga. ¡Pobreta, ya era hora de descansar!

Lo más divertido de aquella noche, fue, ver como se tiraban las figurillas por el respaldo del sillón. Cogieron cortezas de los troncos de leña, se subían en ellas con hábil salto y se dejaban deslizar con gran habilidad. Parecían montar en diminutos trineos.
Sirky, esto ya lo había visto antes, durante las pasadas nieves en el pueblo los chavales hicieron, como todos los años, veloces carreras de trineos. El ganador obtenía un gran prestigio y por supuesto, un delicioso jamón bien curado.

Así, entre miles de aventuras, travesuras y algunos incidentes más, fueron pasando alegremente los días de Navidad. Sirky estaba agotado, derrotado.
– Este trabajo es demasiado duro- le susurraba gimiendo al Jesusillo del belén -, ¿no te parece que me tienes que dar ya vacaciones?
Claro que… Sirky no sabía que ya se acababan esos ajetreados días de navidad. Él no entiende horarios, relojes, ni de calendarios.
Y a la mañana siguiente….

 

 

Mirad allí – dice Melchor- llega Jeremías con el arca, ya nos duerme, menos mal, estas navidades han sido agotadoras. ¡¡¡Las mejores navidades del mundo mundial!!!
Casi todas las figurillas estaban exhaustas, menos Pablo, claro está, el hijo del herrero,¡menuda pieza está hecho!.
No las importaba en absoluto que el viejillo las envolviera, una por una, en un pedacito su manta para recogerlas en su baúl, (bonita pieza tallada en roble). En el fondo algo muy dentro de sus corazones las hacía sentir que… despertarían pronto, muy pronto, cualquier día del próximo adviento.
¡Mira, me toca dormir contigo paje, qué bien! – ¿Me contarás cosas de los Reyes Magos?- le pide el chico con voz de buenacito.
– Escucha Pablete, mas vale que te duermas y no hables mucho, tienes fama de no dejar dormir ni a los muertos. Te pido silencio, si así lo haces te contaré algo, pero…me lo tienes que asegurar.-le responde serio.
-Asegurado, asegurado-, dice Pablo con su INCESABLE ENTUSIASMO.
-Bueno, lo intentaré- pensaba intrigado y nervioso- No se si me podré dormir, me estoy preguntando…-dijo de nuevo-, ¿a quién conoceremos las navidades que viene? Jeremías no se separa de sus formones y buriles. Espero que sea otro niño ingenioso como yo.
-Yo espero otro bebé con sus padres. En el Belén sólo está el niño Jesús. Le gustará tener un amigo, ¿no?
-Bueno, ya veremos, ya veremos. Apuesto a que es de madera de tilo.
– Y yo que es de roble. ¿Qué te juegas?
-Ser el primero en salir del baúl.
-Te ganaré, estoy seguro.
-Verás que no, yo seré quien gane.

Allí quedaron las figurillas tan cuidadosamente guardadas. SirKy olisqueaba nervioso y escuchaba el susurro de todos despidiéndose, hasta pronto cuídate, muchos besos. Hasta “la próxima” muchacho. Uno por uno, se fueron despidiendo de su fiel compañero. Pablo y todos los demás pronto quedaron dormidos escuchando acurrucados las maravillosas historias que el paciente paje le relató. Se hundieron en un silencioso y profundo sueño.

Sirky gimoteando y lamiendo el baúl, se pasó largo rato despidiéndose…, felices sueños, nos veremos…
¿Sirky, que haces?, ¡ven aquí, vamos, vamos, al monte!
Allí va Jeremías, cabizbajo, en silencio, mirando y rebuscando con su bastón. ¿Encontrará una buena corteza? Seguro que sí.
Lo que no se espera nadie, es que Jeremías ya ha pensado en poner una rueda grande en el molino del río y por supuesto al molinero, su mujer y su hijo.
Un bebé, sí, otro bebé es esencial en el nacimiento. Jesús se merece un amiguito de su edad. Crecerán juntos.

Seguro que las próximas navidades, como siempre Jeremías se supera.
Duerme poco…, imagina mucho….El buen hombre…, trabaja tanto…
Felicidades Jeremías.
Buen trabajo.
-Ya está. Si, si, he acabado. ¿Por qué me miráis así?
¡Ah!, ya caigo. Por supuesto, no me he presentado y además querréis saber porqué conozco lo sucedido en casa de Jeremías, ¿no?
Pues bien, yo soy Pingo, un gran ratón de los bosques de……y… por supuesto vivo en la cabaña de Jeremías. Conozco casi todo de él y de Sirky. Aunque no sé donde han nacido, a tanto no llego.
No, ellos no me conocen a mí. Si me conocieran no me dejarían andar a mis anchas por la despensa y… SirKy me ladraría y me llenaría de babas. Me harían de rabiar cogiéndome del rabo y por supuesta me echarían por la puerta de un solo escobazo. Mejor me quedo aquí, en mi agujero, detrás de la cama de Jeremías. Cuando le oigo roncar salgo. Le tengo bien vigilado, si muy muy bien vigiladito, igual que a Sirky.

Veis, ya viene, me voy. Otro día os cuento. ¡Adios, adios!

 

 

 

 

 

 

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