Mi Fabrica de Cuentos La alondra en el trigal - Mi Fabrica de Cuentos

cuentos infantiles de ines diez

14

Feb

2018

La alondra en el trigal


La  alondra en el trigal

ALONDRAS EN TRIGAL

En un extenso trigal, entre los verdes tallos, había construida una alondra su nido. Cuando creció mucho el trigo, y se doraron las espigas, volviéndose pesadas, comenzó la alondra a preocuparse por sus crías.

“Tenemos que marcharnos de aquí- pensaba- antes de que lleguen los segadores, destrocen  mi nido y maten  a mis polluelos.

Todas las mañanas, cuando la alondra tenía que abandonar su nido para ir en busca de alimento, recomendaba a sus crías que vigilasen atentas y le contasen, al atardecer, lo que hubieran oído.

Un día cuando ya se había marchado la alondra, llegó el labrador y dijo:

_Ya es tiempo de comenzar la recolección. Iré a casa de mi vecino a rogarle que me ayude con mi trabajo.

Los pajarillos que estaban en el nido se asustaron, y cuando regresó su madre, piaron, agitados, contándole lo que había dicho el labrador. Pero la alondra tranquilizó a sus crías diciéndoles:

_Aún no tenemos nada que temer. Si ha de aguardar a su vecino, aún tardará mucho en ser segado el trigo.

Al día siguiente volvió el labrador al campo y dijo:

_El grano está ya bien maduro; hay que llevarlo al granero. Hijo ve enseguida a casa de todos nuestros parientes y pídeles que vengan a ayudarnos a recolectarlo.

_Ahora sí que tenemos que irnos _ piaron los polluelos, nuevamente agitados.

_ ¡De  ningún modo, no tengáis cuidado!_respondió la alondra. Sus parientes tienen que trabajar también en sus propios campos. Aún podemos quedarnos en nuestro viejo nido.

Al tercer día volvió, de nuevo, el labrador, y viendo cómo se inclinaban los tallos al peso de las espigas maduras, exclamó:

_ ¡Ya no podemos esperar más! Hijo ve enseguida al mercado y contrata segadores. Empezaremos mañana.

Ahora sí que tenemos que irnos_ exclamó la alondra cuando sus crías le dijeron lo que habían oído

Cuando un hombre se decide a ocuparse por sí mismo de su trabajo, en lugar de confiárselo a otros, entonces sí que existe la posibilidad de que ese trabajo llegue a realizarse.

CHRISTIAN F. GUELLERT  (El gran libro de fábulas: “La alondra en el trigal”)

 

 

 

 

 

 

 

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