Mi Fabrica de Cuentos Olimper gran deportista.¿Y tú? - Mi Fabrica de Cuentos

cuentos infantiles de ines diez

03

Mar

2013

Olimper gran deportista.¿Y tú?

Mi marido se ha ido a jugar un partido de fútbol con sus amigos, me he acordado de que tengo un bonito cuento para deportistas.

Lo  escribí para contarlo en la clase de mi hija en un pequeño taller  con el objetivo de promover el deporte. Ya sabéis no hay vida sana sin deporte.

Quizás  te guste, o no.  Pero no te canses y léelo hasta el final. A lo mejor tú quieres cambiarlo. Piénsalo.

Un abrazo y…ahí va el cuento.

 

OLIMPER DAFORT

Yo no sé si vosotros conocéis esta historia. Mi padre me la contó de pequeña y mis abuelos también la conocían.

Sucedió hace muchos años en una ciudad de Grecia llamada Olimpia. En aquella época, el Rey estaba muy preocupado. Su pueblo padecía una epidemia, una extraña enfermedad de apatía y cansancio que les impedía desarrollar sus vidas y trabajos de buena manera.

El país se hacía cada vez más pobre, más débil, no eran felices.

Una noche el Rey de Olimpia pidió ayuda a sus Dioses.
-¿Cómo podría yo curar a mi pueblo?- decía mientras rezaba.
-Si me ayudas a sanar a mis súbditos, yo te ofrendaré todos los días de mi vida con uno de los mejores manjares de nuestra tierra.- suplicaba mientras oraba.

Sin darse cuenta se hizo de día, continuaba rezando. Al levantar la mirada vio cómo su cetro ardía con un fuego misterioso verde-azulado que desprendía una luz cegadora. Los primeros rallos de sol milagrosamente lo habían prendido. Por la tarde continuaba encendido.

Durante dos días el Rey no se separó del cetro ardiente, se dio cuenta de que aquel fuego era sagrado, que nunca se apagaría.

Observándolo pensativo, le vino una feliz idea a su preocupada cabecita. -¡Juegos, sí, jugar! ¡Esta es la solución!

Reunió al comité real. Esta vez con una misión especial: Inventar juegos, de fuerza, de velocidad, de equilibrio, de inteligencia. Durante tres largos días, con sus noches, estuvieron proponiendo toda clase de interesantes pruebas.

El Rey pensó que, durante 15 días, daría la oportunidad al pueblo de participar en diferentes juegos. Los llamó juegos olímpicos, pues su ciudad
Se llamaba Olimpia.

-¡Recuperaremos de ésta manera el espíritu!
-¡Los Dioses así me lo han transmitido!
-¡La antorcha sagrada siempre cerca! Exclamó el Rey muy seguro de sus actos. El sabía que la luz les daría energías.

Así sucedió. Pasadas las olimpiadas, el pueblo recuperó su ánimo y fuerza. Eran buenos trabajadores. El pueblo se iba reponiendo.

¡Todos los años, sin falta, tendrían sus Olimpiadas.!

Aquí no acaba todo. Años después sucedió otro acontecimiento que muy pocos conocen.

Emergió a la tierra un ser gelatinoso, transparente, viscoso como una medusa, creado en lo más profundo del océano. Procedía de la secreción de unas algas poco conocidas. No se sabe en que momento cobró vida.

Durante un maremoto, fue desplazado de su ambiente natural y arrastrado hacia la arena de la playa. Durante horas estuvo muy desorientado, intentaba regresar al mar pero las olas de nuevo le expulsaban.

Mas tarde fue conocido como Olimper Dafort. Se movía a la velocidad del viento. Difícil de ver, sólo cuando se paraba podía distinguirse el reflejo de un extraño brillo.

No era venenoso pero emanaba de él una sustancia tóxica en forma de finísima neblina, que otorgaba a quien de ella se impregnaba, alegría, fuerza, velocidad y energía.

Olimper, vagando sin destino a gran velocidad, paró en una selva, sitio que le impresionó por su gran belleza, exuberante vegetación y diversidad de animales. -¡Aquí me quedaré! Pensaba, ¿Encontraré algún amigo? Se preguntaba inquieto.

Contagió a todos los animales con su hedor, el cual era un magnífico transmisor del espíritu olímpico. En aquella selva, comenzó a cambiar la conducta de los animales.

Olinper pesaba:-¡qué cosa más extraña! Estos bichos sólo saben jugar.

Los monos jugaban a Voleybol con los huevos de avestruz, pues son los más duros. Sergi, uno de ellos, se sentía tan ágil que se creía capaz de ganar a cualquiera.
_Yo tengo mucha habilidad y precisión en mis movimientos…decía.
¡No necesito entrenamientos!

Pero mientras se desarrollaba el juego, Sergi se encontró muy perdido. Hacía todo lo contrario de lo que sus compañeros necesitaban de él.

-No acierto ni una. ¿Qué me pasa? ¿Estaré enfermo? Pensaba, reflejándose en su cara la gran angustia que sentía.

El entrenador le dijo: Sergi, no has tenido la constancia, la paciencia de entrenar en equipo. ¡Qué pena! ¡Tú serías un gran jugador!

Sergi pidió perdón al equipo, por haber sido tan engreído y no ayudarles en la competición.

No ganaron, pero lo celebraron pues habían dejado impresionados a los monos grises con sus brillantes jugadas de defensa. ¡Fiesta de cocos para todos!

Una mañana Dompi, el elefante, caminaba lento y algo triste. Olimper se acercó y muy cariñoso le preguntó ¿Qué sucede Dompi?.
-Soy tan grande y torpe que no puedo participar en los deportes-. Contestó con la voz entrecortada por pequeños sollozos.
-¡Qué dices! Tú tienes gran fuerza y agilidad en tu trompa.
-¿Qué tal el lanzamiento de troncos? ¡Entrénate!
¡Aprovecha tus cualidades! ¡Sorpréndelos!
Así fue como Olimper fue animando a Dompi y aunque no pudo participar en las olimpiadas por el nacimiento de su bebé, se sintió muy orgulloso de ser tan buen lanzador con su trompa.

Ese mismo año un pequeño desastre le ocurrió a Lucas. El gran lince, animal muy ágil, capaz de realizar las mejores paradas de balón.

La noche anterior, no renunció a una pequeña fiesta con sus amigos, jugaron al parchís hasta tarde. Cuando llegó el momento de su juego estaba cansado y lento de reflejos. Acabó con un ojo morado pues no pudo parar un fuerte tiro de su contrincante. -¡A la enfermería! ¡Ponedle hielo! gritó el entrenador sorprendido.
-La próxima vez, cuídate un poco ¿no?- Le dijo su amorosa Luci.
-Imposible Luci porque… ¡Tú si que me quitas el sueño, preciosa!
Y los dos se marcharon sonrientes.

Mañana toca Badminton. Las ardillas rojas y los topos están muy atareados. Preparan sus raquetas de corteza de pino y sus plumas con una fresa rodeada de plumón de oca cuidadosamente impregnada de resina.

Las ardillas son animales ágiles, pero nerviosas, traviesas y juguetonas; no son capaces de seguir las reglas del juego. El partido resultó ser todo un disparate. Las ardillas acabaron cayendo por un terraplén, en un gran charco de lodo formado por las fuertes tormentas del día anterior.

Los topos se reían de ellas pero las ardillas no les hacían caso, tenían muy buen perder. Se quedaron decorando sus caras como indios y haciéndose tatuajes con aquel barro tan espeso.

Olimper se pasó todo el partido muerto de risa. En la vida unas veces se gana y otras muchas se pierde, pero siempre hay que caminar contentos, les explicaba Olimper a las pequeñas ardillas que con él se quedaron para ir aprendiendo el deporte al que jugaban sus padres. El año que viene aprenderán mejor las normas.

Llegó el día de la competición de natación: Salmonete contra Condri el más grande cocodrilo. Salmonete tiritaba de miedo, estaba paralizado. Le miraba de reojo sin perderle de vista ni un instante.
-¡En cualquier momento me tragará!- pensaba aterrorizado.
– ¡No te preocupes “chaval” ¡ ¡Son las olimpiadas ¡ Condri no te comerá, viene de buena fé.- Olimper, cogiéndole por su aleta dorsal amigablemente, fue poco a poco animándole y dándole confianza.

Salmonete se quedó tranquilo y pudo concentrarse muy bien. Ese año ganó la medalla de plata. Contentísimo hacía todo tipo de piruetas en el agua. Eso sí muy lejos de Condri. ¡Por si acaso!

Las hienas, tramposas y chinchorras, hicieron juego sucio. Águila observadora y atenta, descubrió las trampas, insultos y empujones. Así fue cómo ese año quedaron descalificadas. Se retiraron con gran vergüenza ante sus grandes admiradores.

Tras todo lo ocurrido en aquella selva, Olimper se dio cuenta del efecto que producía en quienes se le acercaban. Se le ocurrió una gran idea una tarde en que tranquilamente nadaba junto a las ocas.

Todos los años de Olimpiadas, cuando todo el mundo está despistado, se introduce sigilosamente en el interior de la antorcha olímpica. El humo que de ella sale se esparce por todos los rincones, impregnando a toda la población de ese maravilloso espíritu olímpico.
Gracias a Olimper las olimpiadas no han desaparecido y nunca jamás desaparecerán.

-¡Olimper, hola! ¡Aquí, aquí estoy!-, le gritó mi abuelo mientras agitaba fuertemente un pañuelo rojo que llevaba en la mano. Pues mi abuelo Virgilio es de las pocas, poquísimas personas que lo han visto.

¡Ojala las Olimpiadas sucedan en Madrid pronto! Estaré muy atenta. ¡Quiero encontrarle! ¡Espero que me de un abrazo!

¡VEN PRONTO OLIMPER!

 

No hay comentarios para la entrada “Olimper gran deportista.¿Y tú?”
Deja tu comentario

(requerido)

(requerido)